Multitud
de veces se relaciona la Edad Media con la censura y persecución de las
relaciones sexuales. Pocas cosas más lejos hay de la realidad. Tratados como el
“Lilium Medicinae” de Bernard
de Gordon (1270-1330) expresan literalmente: “la abstinencia sexual
no es buena e incluso muy negativa”. Tanto el médico de Montpellier como los
moralistas de la época consideran al sexo bueno y necesario… siempre y cuando
se practique dentro de los cánones éticos del cristianismo: siempre dentro del
matrimonio, no ejerciéndolo en ningún caso de jueves a domingo, ni durante las
horas de Sol, ni durante las fiestas sagradas de Navidad, Cuaresma y
Pentecostés. En cuanto a la amplia variedad de ejercicios y posturas, la
“posición del misionero” es la posición moralmente aceptable. Las condenas más
acérrimas en las disposiciones sinodales están dirigidas contra la zoofilia,
las relaciones intrafamiliares y el adulterio femenino (en cuyo caso se permite
al varón disponer de la vida de su esposa y amante). Mucho más tardías, casi ya
en la Modernidad, son las prohibiciones contra la barraganía, la prostitución o
la homosexualidad.
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